El anillo del Pescador del Papa Francisco I

El anillo de Pescador, que se entrega al Papa en una ceremonia oficial al inicio del pontificado, es el emblema del apóstol Pedro. Recibe ese nombre porque este apóstol era de oficio pescador hasta que Jesús lo convirtiera en pescador de hombres. El anillo, que lleva grabado el nombre del Pontífice correspondiente, es uno de los grandes símbolos papales y era utilizado para sellar los documentos oficiales.

Anillo del Pescador Francisco I_Bettina Vega

El Papa Francisco I, en una muestra más de su austeridad, ha introducido una novedad en su tradicional confección: el suyo no es de oro macizo, como el de su antecesor, sino de plata dorada. El metal plata, en latín, se denomina argentum, que es, curiosamente, la raíz del nombre Argentina, país de origen de Jorge Mario Bergoglio, el nuevo Papa…

En el anillo que Francisco I recibió el 19 de marzo durante la misa de inicio de Pontificado se puede apreciar la imagen de San Pedro con las llaves del Reino de los Cielos y es obra de Enrico Manfrini. Fallecido en 2044 a la edad de 87 años, Manfrini fue un conocido artista italiano que hizo diversas obras de arte sacro y que llegó a ser conocido como el escultor de los Papas. De hecho, el anillo no es nuevo: Manfrini lo diseñó en los años 60 para el pontífice Pablo VI aunque éste no lo eligió. Por este motivo, el anillo permanecía guardado junto a la tumba de San Pedro. Se lo propuso a Francisco I el maestro de celebraciones litúrgicas pontificias, Guido Marini, junto a otros dos modelos, que fueron descartados.

El anillo del Pescador suele ser destruido cuando el Papa fallece por el cardenal camarlengo con un martillo en una ceremonia solemne en la que también se destruye el sello oficial de plata del pontífice; es el símbolo del final de su autoridad. Sin embargo, el hecho histórico de la renuncia de Benedicto XVI suscitó una situación insólita, ¿qué hacer con su anillo? Finalmente, se decidió que no sería “destruido del todo sino que se anularía rasgándolo probablemente con una raya o una cruz de tal modo que queda inutilizable”, según confirmó el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, que, además, precisó que el anillo de Benedicto XVI se conservará en la colección de la Oficina de las Ceremonias Pontificias. Y es que Benedicto XVI ha sido el primer Papa desde el siglo XIX que encargó un anillo de pescador con la imagen incisa del apóstol Pedro arrojando las redes de pesca en el lugar que le indica Cristo (su predecesor, Juan Pablo II, por ejemplo, llevaba un simple anillo de oro con la forma de la Cruz).

Composición anillo Pescador Benedicto XVI y Juan Pablo II

El anillo de Joseph Ratzinger es una obra de arte única y tiene tallado en los bordes el nombre del Papa en latín: Benedictus XVI. La joya pesa 1.23 onzas (35 gramos) y tiene una forma elíptica que recuerda la majestuosa plaza de San Pedro con el imponente columnado del siglo XVII obra del gran artista italiano Gian Lorenzo Bernini.

La labradorita

Labradorita y colgante_Bettina Vega

La labradorita recibe el nombre de la península del Labrador (Canadá) porque fue el lugar en el que fue descrita por primera vez. Es una plagioclasa (conjunto de minerales) en tonos metálicos brillantes, entre los que los azules y los verdes son los más usuales.

Mineral bello y fascinante, la labradorita muestra todo su esplendor cuando la giramos para observarla desde la posición adecuada hasta que destella su brillante iridiscencia, que algunos denominan labradorescencia por ser tan específicamente suya.

Los yacimientos más importantes de este mineral se encuentran en Canadá, Australia, Madagascar, México, Rusia y EE UU.

La labradorita se emplea con frecuencia en collares, broches y anillos. Tradicionalmente de aspecto incoloro o pardo amarillento, últimamente han aparecido en el mercado labradoritas en colores intensos verdes, verdes pardos, rojo oscuro y rojo pardo.

La amatista

Amatista_Bettina Vega

La amatista fue en la antiguedad un amuleto contra la embriaguez. Según la mitología griega, Dionisio, dios del vino y el desenfreno, pretendía a una doncella llamada Amethystos (palabra griega que significa no ebrio), que deseaba su castidad. Así, la diosa Artemisa escuchó sus plegarias y transformó a la mujer en una roca blanca. Dionisio, humillado, vertió vino sobre la roca que se tiñó de tan atractivo color violeta.

En el antiguo Egipto la amatista se utilizaba para crear joyas, sellos personales y tallas. Posteriormente, ya en la Edad Media, el cristianismo la adoptó como símbolo de castidad y de renuncia a los bienes terrenales, de ahí que fuera una piedra preferida por los altos dignatarios de la Iglesia y que lucieron en sus anillos no pocos cardenales y obispos.

La amatista es la piedra más apreciada del grupo del cuarzo y sus cristales crecen siempre sobre una base. Sus prismas suelen estar poco desarrollados y es en las puntas donde tienen sus colores más intensos. Mediante tratamientos térmicos, de entre 470º y 750º C., se pueden producir variedades de color amarillo claro, pardo rojizo, verdes o incoloras que se consiguen al modificar el óxido del hierro que contiene la amatista, entre otras cosas.

Los yacimientos más importantes se encuentran en Brasil, Madagascar, Zambia, Uruguay, India, Canadá, México, Myanmar, Namibia, Rusia, Estados Unidos… y se pueden encontrar en drusas, grietas y placeres. Los mejores ejemplares se trabajan con facetas.