El rubí

Rubí, Modelo Heart colección Bettina Vega

Debe su nombre al color rojo (viene del latín rubeus) y fue en el año 1800 cuando se reconoció su pertenencia, junto con el zafiro, al grupo del corindón. Hasta entonces se calificaba como una piedra del ántrax.

La distribución del color es a menudo desigual, en bandas o en manchas. El color más codiciado es el denominado sangre de paloma, un rojo puro con una ligera tonalidad azulada. La sustancia colorante es el cromo y, en los tonos pardos, también el hierro. Como sucede con otros minerales, el rubí también puede ser sometido a tratamientos térmicos para que las piedras de menor calidad adquieran mejores tonalidades. En ocasiones, se encuentran piedras con inclusiones que no suponen una merma en su calidad y sí son prueba de la naturalidad del rubí frente a los sintéticos.

Cuando está en bruto, el rubí tiene un aspecto opaco y graso pero, una vez tallado, brilla tanto un diamante. El rubí es, junto con el zafiro, el mineral más duro después del diamante pero, por su fragilidad, hay que ser muy cuidadoso en su tallado y con su engarzado.

Las inclusiones o las tonalidades pueden orientarnos sobre el origen de la piedra. Los yacimientos de rubíes más importantes se encuentran en Myanmar, Tailandia, Sri Lanka y Tanzania aunque los hay menos relevantes diseminados por los cinco continentes.

Los rubíes tailandeses suelen tener una tonalidad parda o violeta. Los pozos de extracción llegan a los ocho metros de profundidad y se encuentran al sudeste de Bangkok. De los yacimientos de Sri Lanka se extraen rubíes de color rojo claro a frambuesa y de los ubicados en el noroeste de Tanzania se extraen piedras con tonalidades que van del violeta al pardo rojizo.

El rubí es una de las piedras preciosas más caras. Es muy raro encontrar rubíes de gran tamaño, de hecho, son más escasos que los grandes diamantes. El rubí tallado más grande se encontró en Myanmar, pesaba 400 ct y fue partido en tres.

El rubí es la piedra más venerada de la India y sus príncipes coleccionaban los ejemplares más preciosos, como el rajá de Hyderabad, Nizam al-Mulk, cuyo trono de oro macizo estaba decorado con un centenar de rubíes de 100 a 200 quilates cada uno.

Entre los rubíes más famosos por su extraordinaria belleza se encuentran el Edward (167 ct), conservado en el British Museum of Natural History de Londres; el Estrella de Reeves (138,7 ct), en el Smithsonian Institution de Washington; el Estrella De Long (100 ct), en el American Museum of Natural History de Nueva York y el rubí de la paz (43 ct) llamado así porque fue encontrado en 1919, al finalizar la I Guerra Mundial.

Historia, rubí, Bettina Vega

Innumerables rubíes forman parte de coronas reales y otras joyas dinásticas. Así, la corona bohemia de San Wenceslao (conservado en la catedral de Praga) lleva un rubí de unos 250 ct; la corona real inglesa lleva el Black Princes’s Ruby; otro collar también de la casa real inglesa luce el Timur Ruby, etc…